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Datos y estadísticas del Festival de Eurovisión, en español

¿Qué polémicas políticas ha tenido Eurovisión y cómo las resolvió la organización?

¿Qué polémicas políticas ha tenido Eurovisión y cómo las resolvió la organización?

El 22 de abril de 1978, en el Palais des Congrès de París, la realización enfocó a Izhar Cohen y su grupo mientras los puntos se acumulaban a favor de Israel. En Ammán, la televisión jordana hizo algo más rápido que discutir: cortó la señal y puso en pantalla un plano de flores. Cuando terminó la noche y hubo que informar del resultado, contó que había ganado Bélgica. Bélgica había quedado segunda con 125 puntos. Israel ganó con 157 y con «A-Ba-Ni-Bi».

Ese episodio resume el problema de fondo del festival. La organización lo presenta como un concurso de canciones sin política, y su reglamento lo dice con todas las letras: no se permiten letras, discursos ni gestos de naturaleza política. La norma existe porque hizo falta. Casi cada artículo del reglamento tiene detrás un país cabreado, una carta de protesta o una retransmisión interrumpida.

Cuando el problema es la letra

El caso más claro es Georgia en 2009. El festival se celebraba en Moscú porque Dima Bilan había ganado el año anterior, y Georgia y Rusia habían estado en guerra en agosto de 2008. La televisión georgiana eligió a Stephane & 3G con «We Don’t Wanna Put In», un título que en inglés cantado suena a «no queremos a Putin». La organización pidió cambiar la letra o cambiar de canción. Georgia se negó y se retiró del festival.

Cuatro años antes, en 2005, Ucrania llegó a Kiev con «Razom nas bahato» de GreenJolly, que había sido el himno de la Revolución Naranja unos meses antes. Ahí sí hubo acuerdo: se reescribieron los versos que mencionaban a Víktor Yúshchenko y el grupo cantó una versión depurada. Quedaron decimonovenos con 30 puntos.

La misma norma se ha aplicado en sentido contrario. En 2016, Rusia pidió que se revisara «1944» de Jamala, sobre la deportación de los tártaros de Crimea ordenada por Stalin. La organización dictaminó que describir un hecho histórico documentado no es hacer política y la dejó competir. Jamala ganó con 534 puntos: 211 del jurado y 323 del televoto. Rusia fue la más votada por el público, con 361 puntos, y Australia la más votada por los jurados, con 320. Era el primer año del sistema de votación separada, así que ninguna comparación con ediciones anteriores a 2016 sirve de mucho.

En 2024, Israel presentó una canción titulada «October Rain» y la organización pidió cambios en la letra. Eden Golan cantó «Hurricane» y quedó quinta con 375 puntos, con un contraste enorme entre las dos mitades del marcador: 52 puntos de los jurados y 323 del televoto, la segunda cifra más alta del público esa noche por detrás de Croacia (337).

Cuando el problema es lo que se ve en la sala

En 2009, Armenia incluyó en su postal de presentación el monumento «Nosotros somos nuestras montañas», que está en Nagorno-Karabaj, y durante la votación su portavoz enseñó la imagen otra vez. Azerbaiyán protestó. Ese mismo año, la televisión azerbaiyana fue más allá y citó a ciudadanos que habían votado a Armenia desde Azerbaiyán; la organización la sancionó por vulnerar el secreto del voto. En 2016, la representante armenia Iveta Mukuchyan mostró la bandera de Nagorno-Karabaj durante la retransmisión de la semifinal y la delegación recibió otro aviso.

También en 2016 la organización repartió entre las delegaciones una guía de banderas no admitidas en el recinto que incluía, junto a la del Estado Islámico, la de Palestina, la de Kosovo y la del País Vasco. La reacción fue tan mala que hubo que retirarla y pedir disculpas en cuestión de días.

Cuando el problema es la televisión entera

Participar obliga a emitir el festival completo y en directo, sin recortes. Líbano se apuntó en 2005 con Aline Lahoud, pero su legislación le impedía emitir contenido israelí y no podía retransmitir la actuación de Israel. Se retiró fuera de plazo y quedó excluido durante tres años. Nunca ha llegado a debutar.

En 2017 Ucrania prohibió la entrada al país a Yulia Samoylova, elegida por Rusia, porque había actuado en Crimea en 2015 saltándose la ley ucraniana. La organización propuso que cantara por satélite desde Moscú. Rusia rechazó la fórmula, no participó y no emitió el festival; Ucrania fue sancionada económicamente por impedir la participación.

Bielorrusia fue directamente descalificada en 2021: la canción de Galasy ZMesta se burlaba de los manifestantes contra Lukashenko, la organización pidió una sustitución y la segunda propuesta tampoco pasó el filtro. En mayo de ese año, la televisión pública bielorrusa fue suspendida como miembro. Rusia corrió la misma suerte el 25 de febrero de 2022, un día después de la invasión de Ucrania.

La única expulsión reciente que no fue política ocurrió en 2024: Países Bajos quedó fuera de la final horas antes de que empezara, por un incidente con una integrante del equipo de producción. La fiscalía sueca archivó el caso meses después sin presentar cargos.

Los casos, con lo que se decidió en cada uno

Año Caso Decisión
1969 Austria no viaja a Madrid por el régimen de Franco Ausencia voluntaria, sin sanción
1978 Jordania corta la señal y da ganadora a Bélgica Incumplimiento de la obligación de emitir íntegro
2005 Líbano no puede emitir la actuación de Israel Retirada fuera de plazo y exclusión tres años
2005 «Razom nas bahato» (Ucrania) cita a Yúshchenko Letra reescrita, participación autorizada
2009 «We Don’t Wanna Put In» (Georgia) Cambio exigido; Georgia se retira
2009 Postal armenia con un monumento de Nagorno-Karabaj Aviso a la delegación armenia
2016 «1944» de Jamala Se admite: hecho histórico, no mensaje político
2016 Lista de banderas prohibidas en el recinto Retirada tras las protestas
2017 Ucrania veta la entrada a Yulia Samoylova Actuación por satélite rechazada; sanción a Ucrania
2021 Galasy ZMesta (Bielorrusia) Descalificación y suspensión de la televisión pública
2022 Invasión de Ucrania Rusia excluida el 25 de febrero
2024 Países Bajos, incidente con el equipo de producción Descalificación antes de la final

Hay un detalle que se cuenta mal a menudo: la organización casi nunca juzga intenciones. Mira lo que se canta, lo que se enseña y lo que se emite, y actúa sobre eso. Por eso «1944» pudo competir y «We Don’t Wanna Put In» no, aunque las dos hablaran de Rusia.