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Datos y estadísticas del Festival de Eurovisión, en español

¿Cuál fue la edición de Eurovisión menos vista y por qué nadie puede dar la cifra?

¿Cuál fue la edición de Eurovisión menos vista y por qué nadie puede dar la cifra?

El 29 de marzo de 1969, en el Teatro Real de Madrid, la mesa de escrutinio se quedó sin respuesta. Salomé había terminado con 18 puntos cantando «Vivo cantando». También el Reino Unido, con Lulu y «Boom Bang-a-Bang». También Países Bajos, con Lenny Kuhr. También Francia, con Frida Boccara. Cuatro ganadores, un reglamento que no contemplaba el empate y una organización repartiendo un premio pensado para una sola persona.

El destrozo llegó al año siguiente. Austria, Finlandia, Noruega, Portugal y Suecia anunciaron que no irían a Ámsterdam en 1970, la sede que Países Bajos se había llevado en un sorteo entre los cuatro empatados. Con cinco bajas de golpe, el festival se quedó en 12 países, la participación más baja desde 1959. La gala salió tan corta que hubo que estirarla: las postales que presentan a cada participante, hoy parte fija del formato, nacieron ahí para rellenar minutos. Ganó Irlanda con Dana y «All Kinds of Everything», y España, con Julio Iglesias y «Gwendolyne», fue cuarta.

La pregunta obvia es si aquella fue la gala menos vista de la historia. La respuesta incómoda es que no hay forma de saberlo.

Los 600 millones que nunca existieron

Durante décadas, la cifra que se repetía en los medios y en la propia organización era «600 millones de espectadores». No salía de ninguna medición: era una estimación de alcance potencial, es decir, cuánta gente vivía en países donde la señal estaba disponible. Cuando la UER empezó a publicar datos auditados por los medidores nacionales de cada mercado, el número se desplomó a la horquilla real, entre 150 y 200 millones.

Esa serie auditada tiene su techo en 2016, con 204 millones, y en los últimos años se mueve alrededor de los 160. Pero ni siquiera esos datos se comparan limpiamente entre sí: el número de mercados incluidos cambia de un año a otro, la cifra recoge los tres directos (dos semifinales y final) y no solo la noche del sábado, y el consumo por streaming se ha ido incorporando con criterios distintos. Comparar 2016 con 2023 ya es comparar dos cosas parecidas pero no idénticas. Comparar cualquiera de las dos con 1970 no tiene sentido: en 1970 nadie medía.

De 1956 hay todavía menos. La primera edición, en el Teatro Kursaal de Lugano, reunió a siete países con dos canciones cada uno y ganó Suiza con Lys Assia y «Refrain». La grabación en vídeo de aquella gala se perdió: solo se conserva el audio de la retransmisión radiofónica. Buena parte de Europa la siguió por la radio, sencillamente porque no tenía televisor.

1996: el año que Alemania se quedó fuera

Hay un caso en el que sí se puede afirmar que media Europa no lo estaba viendo, y no por desinterés. En 1996 querían entrar 30 países y la organización montó una criba previa con las canciones grabadas en cinta, sin público y sin televisión: un jurado escuchaba y decidía. Pasaron 22, más Noruega como anfitriona.

Entre los siete eliminados estaba Alemania, el mercado televisivo más grande del continente. La cadena alemana no tuvo nada que retransmitir aquel mayo. La final de Oslo se quedó en 23 países, la ganó Irlanda con Eimear Quinn y «The Voice», y España acabó vigésima con Antonio Carbonell y «¡Ay, qué deseo!». El susto fue tan grande que en 2000 se creó el grupo de países exentos de cualquier criba —España, Francia, Alemania y Reino Unido, los que más dinero ponen—, ampliado a cinco cuando Italia volvió en 2011.

La travesía de los noventa

El sistema que dejó a Alemania fuera venía de una década entera de fórmulas para meter países nuevos sin alargar la gala. En 1993, con Yugoslavia deshecha y siete televisiones del este llamando a la puerta, se celebró una preselección en Liubliana de la que salieron Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia. En 1994 se aplicó la relegación pura: los siete últimos de 1993 se quedaron en casa para dejar sitio a siete debutantes, entre ellos Rusia, Polonia y Hungría. Cada año había televisiones grandes que no emitían el festival porque su país no estaba en él.

A eso se sumó una ausencia larga: Italia no participó entre 1998 y 2010. Trece ediciones seguidas sin uno de los mercados más poblados de Europa, que además había sido país fundador.

Las ediciones con menos países en la final

Año Sede Países Qué pasaba
1956 Lugano 7 Primera edición, dos canciones por país y muy pocos televisores
1957 Fráncfort 10 Formato aún en pruebas
1958 Hilversum 10 Sin incorporaciones nuevas
1959 Cannes 11 Todavía sin países del este ni del norte completos
1970 Ámsterdam 12 Cinco retiradas tras el empate a cuatro de 1969
1960 Londres 13 Reino Unido organiza tras la renuncia de Países Bajos

Qué pasa con España

España no ha faltado a una sola edición desde su debut en 1961, así que aquí el problema nunca fue la ausencia, sino dónde y cuándo se ponía. La final se ha quedado siempre en La 1; las semifinales, en cambio, han ido bailando entre La 1 y La 2 según el año, y una semifinal en la segunda cadena parte de un suelo de audiencia que no tiene nada que ver con el de un sábado por la noche en la primera.

La serie pública y comparable de audiencias españolas, la que publican los medidores actuales, es reciente y no llega a los años ochenta y noventa. Sí está documentado el techo moderno: la final de 2018, con Amaia y Alfred y «Tu canción» a rebufo de Operación Triunfo, superó los seis millones de espectadores, y la de 2022, la del tercer puesto de Chanel con «SloMo», pasó del 50% de cuota de pantalla. Los datos flojos se concentran en los años en que España encadenaba resultados de fondo de tabla —1999 con Lydia, última de 23; 2017 con Manel Navarro, último con 5 puntos—, pero quien ponga un número exacto para aquellas noches está reconstruyendo, no citando.

La gala que no vio nadie porque no existió

El mínimo absoluto tiene fecha: 2020. El festival de Róterdam se canceló en marzo por la pandemia, la única edición no celebrada en toda la historia del concurso. La UER montó en su lugar «Europe Shine a Light», emitido el 16 de mayo, un programa sin competición, sin puntos y sin ganador, que reunió a los 41 artistas que se habían quedado sin viaje. Lo siguieron algo más de 70 millones de personas, según los datos que publicó la propia organización: casi la mitad que una final normal, y aun así el programa musical más visto de aquel mayo en varios países.

Quien quiera el otro extremo de la tabla, el de las noches en que Europa entera estaba delante del televisor, lo tiene contado en el artículo sobre cuál fue la final más vista y cuánta gente la vio de verdad. Los datos oficiales por edición están en eurovision.tv y las notas de audiencia las publica la UER.