¿Cuánto cuesta organizar Eurovisión y quién lo paga?

Organizar Eurovisión cuesta entre 20 y 45 millones de euros por edición, según el año y según qué partidas se metan en la cuenta, y no lo paga uno solo: la televisión anfitriona asume la producción, la ciudad o región que acoge pone recinto, seguridad y transporte, y todas las televisiones participantes abonan a la UER una cuota por participar.
No existe una cifra oficial única. La Unión Europea de Radiodifusión (UER) no publica un presupuesto consolidado de cada festival, y cada anfitrión contabiliza cosas distintas: unos incluyen el dispositivo policial y otros no, unos suman la programación paralela en la ciudad y otros solo el show. Por eso las comparaciones entre ediciones que circulan cada mayo suelen mezclar magnitudes que no son la misma cosa.
¿Qué cifras hay publicadas de las últimas ediciones?
El caso mejor documentado es Basilea 2025, porque es el único en el que la aportación pública la votaron los ciudadanos. El cantón de Basilea-Ciudad llevó a referéndum su crédito para la organización el 24 de noviembre de 2024: la partida, de unos 35 millones de francos suizos, se aprobó con cerca de un 67% de votos a favor. Esa cantidad es solo la parte cantonal; encima va el coste de producción que asumió la SRG SSR, que no se desglosó públicamente con el mismo detalle.
En Liverpool 2023, la edición que el Reino Unido organizó en nombre de Ucrania, el Gobierno británico comprometió 10 millones de libras para el operativo, a los que se sumaron la aportación del ayuntamiento y el presupuesto de producción de la BBC. El informe de impacto económico encargado después cifró en 54,8 millones de libras el gasto generado en la ciudad durante el festival.
Hay además un requisito previo del que se habla poco: antes de firmar el contrato de organización, la UER exige a la televisión anfitriona un aval bancario que cubra el riesgo de que el evento no llegue a celebrarse. Ese aval fue el punto de fricción en Tel Aviv 2019, cuando la pública israelí KAN necesitó respaldo estatal para depositarlo dentro del plazo que le dio la UER.
¿Qué parte paga la televisión y qué parte la ciudad?
El reparto es bastante estable de una edición a otra, aunque los importes cambien.
| Partida | Quién la paga |
|---|---|
| Escenario, realización televisiva, ensayos, personal de producción | Televisión anfitriona |
| Aval bancario exigido por la UER antes de firmar | Televisión anfitriona |
| Alquiler y adecuación del recinto | Ciudad o región anfitriona |
| Seguridad, dispositivo policial, transporte público reforzado | Ciudad, región o Estado |
| Programación paralela en la ciudad y zona de aficionados | Ciudad anfitriona |
| Cuota de participación en el festival | Cada televisión participante, a la UER |
| Delegación propia: viajes, alojamiento, puesta en escena | Cada televisión participante |
| Patrocinios, venta de entradas, derechos y llamadas del televoto | Ingresos que rebajan la factura |
¿Pagan algo los países que solo participan?
Sí, y es la parte que más se ignora. Cada televisión miembro que inscribe una canción abona una cuota de participación a la UER, y esa cuota no es igual para todas: se calcula en función del tamaño del mercado y del país. Los cinco que más aportan —Alemania, España, Francia, Italia y Reino Unido— son precisamente los que tienen plaza directa en la final. Los importes concretos no son públicos, pero su efecto sí se ve: cuando una televisión pequeña se retira, casi siempre alega el coste de la cuota más el de la delegación.
A esa cuota hay que sumarle el gasto propio de cada delegación, que corre por cuenta de su televisión: viajes, estancia de dos semanas, escenografía, vestuario y coreografía. Ahí las diferencias entre países son enormes y tampoco se publican de forma comparable.
¿Qué ganadores han renunciado a organizarlo?
Seis veces el festival se ha celebrado en un país distinto al del ganador del año anterior. En casi todas, el motivo fue el dinero.
| Edición | Ganador del año anterior | Quién organizó | Motivo |
|---|---|---|---|
| 1960 | Países Bajos (1959) | Reino Unido — Londres | Ya había organizado 1958; declinó por coste |
| 1963 | Francia (1962) | Reino Unido — Londres | Coste, tras haber organizado 1961 en Cannes |
| 1972 | Mónaco (1971) | Reino Unido — Edimburgo | Sin recinto adecuado y sin capacidad de financiarlo |
| 1974 | Luxemburgo (1973) | Reino Unido — Brighton | Acababa de organizar 1973 tras ganar en 1972 |
| 1980 | Israel (1979) | Países Bajos — La Haya | Coste de repetir un año después de Jerusalén 1979 |
| 2023 | Ucrania (2022) | Reino Unido — Liverpool | Guerra: la UER descartó que se pudiera celebrar con garantías |
El patrón de los años sesenta y setenta se explica por cómo estaba financiado el festival entonces: sin televoto, sin patrocinio global y con ingresos por derechos muy inferiores, la factura recaía casi por completo en la televisión anfitriona. Radiotelevisão de países pequeños como Luxemburgo o Mónaco no podía absorber dos ediciones seguidas. Comparar aquella situación con la de hoy no tiene mucho sentido: la estructura de ingresos cambió por completo con la entrada del televoto en 1997 y con los contratos de patrocinio posteriores.
El caso de 2023 es el único de la lista que no tiene nada que ver con el presupuesto: Ucrania ganó en Turín con Kalush Orchestra y quiso organizarlo, pero la UER concluyó que no había garantías de seguridad y adjudicó la edición al Reino Unido, segundo clasificado en 2022. En 2027 la organización recae en la búlgara BNT tras la victoria de 2026, y el reparto entre televisión y ciudad se conocerá cuando se firme el contrato con el recinto.
¿La ciudad recupera el dinero?
Depende de a quién se le pregunte y de qué se mida. La ciudad suele contabilizar el retorno en pernoctaciones, hostelería y notoriedad: los 54,8 millones de libras de Liverpool en 2023 salen de ese tipo de cálculo. La televisión anfitriona, en cambio, rara vez recupera su parte de forma directa, porque su gasto se cubre con el canon o con la publicidad del propio año y su retorno es de audiencia y de derechos.
Conviene mirar esos estudios de impacto con distancia: casi siempre los encarga quien organizó el evento, se publican meses después y estiman gasto inducido, no beneficio neto. La votación de Basilea de noviembre de 2024 es, hasta ahora, la única ocasión en la que una población ha decidido en las urnas si quería pagar esa factura. Los datos oficiales de cada edición se publican en eurovision.tv y en las memorias anuales de la UER.